b'Thomas Pynchon'
b'A OSCURAS '
b'Tusquets'

Páginas: 384
Formato: b''
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'9789876709200'

Milwaukee, 1932. En plena Gran Depresión, con la derogación de la Ley Seca a la vuelta de la esquina y Al Capone en la cárcel, Hicks McTaggart, antiguo rompehuelgas convertido en detective privado, cree haber encontrado un trabajo seguro hasta que le encargan lo que debería ser un caso rutinario: localizar y rescatar a una rica heredera de Wisconsin. Poco después, McTaggart se encuentra, sin saber cómo, a bordo de un transatlántico que lo llevará a Europa, y finalmente termina en Hungría, donde, por supuesto, no hay ni rastro de la heredera fugitiva. Hicks tendrá que vérselas con nazis, agentes soviéticos, contraespías británicos, músicos de swing, mentalistas y grupos paramilitares, así como con los problemas que cada uno de ellos conlleva, ninguno de los cuales está capacitado para afrontar. Envuelto en una trama que no entiende, y de la que no ve la manera de entrar ni de salir, lo único positivo para Hicks es que está viviendo el amanecer de la era de las big bands y él, por casualidad, es un bailarín bastante bueno. Que eso le permita regresar a Milwaukee y al mundo normal, que quizá ya no exista, es ya otra cuestión.

A OSCURAS

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Milwaukee, 1932. En plena Gran Depresión, con la derogación de la Ley Seca a la vuelta de la esquina y Al Capone en la cárcel, Hicks McTaggart, antiguo rompehuelgas convertido en detective privado, cree haber encontrado un trabajo seguro hasta que le encargan lo que debería ser un caso rutinario: localizar y rescatar a una rica heredera de Wisconsin. Poco después, McTaggart se encuentra, sin saber cómo, a bordo de un transatlántico que lo llevará a Europa, y finalmente termina en Hungría, donde, por supuesto, no hay ni rastro de la heredera fugitiva. Hicks tendrá que vérselas con nazis, agentes soviéticos, contraespías británicos, músicos de swing, mentalistas y grupos paramilitares, así como con los problemas que cada uno de ellos conlleva, ninguno de los cuales está capacitado para afrontar. Envuelto en una trama que no entiende, y de la que no ve la manera de entrar ni de salir, lo único positivo para Hicks es que está viviendo el amanecer de la era de las big bands y él, por casualidad, es un bailarín bastante bueno. Que eso le permita regresar a Milwaukee y al mundo normal, que quizá ya no exista, es ya otra cuestión.